Días del 262 al 282

Un más que merecido descanso

Se acercan las Navidades y entre tanto estudio y trabajo y vuelta al estudio y de nuevo vuelta al trabajo, nuestros cuerpos nos piden a gritos un descanso. Y es que llevamos una intensa rutina de trabajo y estudio desde hace más de un año ya, y durante este tiempo, yo conseguí la jornada al 80% en mi anterior trabajo y ahora al 50%, pero mi novio ha seguido desempeñando un trabajo a tiempo completo.

Y esto, al final,nos está pasando factura. No es un precio excesivamente alto, ya que con unas semanas en casa estoy segura de que ambos nos sentiremos mejor y recuperaremos fuerzas, también porque sabemos que las vamos a necesitar todas con nosotros para embarcaros en 2019. Un 2019, perdonadme el topicazo, que promete ser mítico. Ya nos encargaremos nosotros de que lo sea.

El viaje de nuestras vidas

Y es que somos un equipo que siempre nos hemos dado coba el uno al otro. A veces nos imagino como dos conductores del mismo tren, responsables a partes iguales de echarle combustible para que nunca deje de moverse, para que cada vez esté más cerca de su destino. Y pretendo que sea un viaje muuyyyy largo, con distintas paradas,todas emocionantes, algunas cuidadosamente elegidas, otras muchas, inesperadas. Porque parte del encanto de la vida consiste en tener siempre algo que esperar.

El Año Nómada

Cuando agotaba las últimas horas del 2017, me prometí a mí misma que este 2018 sería el año del cambio. Lo ha sido. Y es que el poder de la convicción mueve montañas.

Así que quiero bautizar el año 2019 como el Año Nómada, donde pondré todos mis esfuerzos y mi corazón en hacer realidad el objetivo de volar lejos de los países grises. Podría llamarlo «El Año de la Mudanza», pero «El Año Nómada» me parece un título más carismático, sobre todo desde que he descubierto ese mundo de los nómadas digitales gracias a Inteligencia Viajera.

Al fin y al cabo,yo llevo aquí 4 años, pero mi novio lleva 7, y por eso él ve ése objetivo como algo mucho más utópico que yo. No porque no lo crea posible, sino simplemente porque está más cansado que yo de vivir bajo un cielo casi siempre enmarañado. Por muy positivo que uno sea, tantos amaneceres bajo un manto gris empañan el ánimo a cualquiera. Y no poder ir a tu casa siempre que quieras, no ayuda.

Por eso, estas semanas soy yo la que echa más leña al fuego que mueve al tren, convenciéndolo de que, cada día que vuelve del trabajo, es “un día menos que queda para irnos, amor”.  Y es que si hay algo mejor que luchar por un sueño, es luchar por un sueño compartido.

Por eso, levantarme a las 6.40 de la mañana para ir al trabajo no me pesa en absoluto. Bueno, duele un pelín, pero al menos ahora suspiro y me digo “ay, ¡¡pero qué trabajo tan chulo tengo!!” por primera vez en la historia. Verídico.

El precio de los sueños

Pero para mi novio, las cosas son un pelín diferentes. Ambos somos personas deportistas que nos gusta comer saludable, y esos dos factores implican una inversión de tiempo. Con la cocina podemos hacer algunos apaños y cocinar mucha cantidad una sola vez para no tener que cocinar tan a menudo, pero con el deporte, no hay apaño que valga. Y desgraciadamente, estos últimos meses él ha sacrificado muchas horas de deporte para dedicárselas al estudio, y eso ha hecho que le entre complejo de culo plano por pasar demasiado tiempo en una silla (aunque ese complejo lo tengo más yo que él) y sentirse como Empleadoman, tan bien retratado en estas viñetas.

Status meetings

Yo por lo menos tengo jueves, viernes, sábado y domingo para hacer mi rutina de deporte y salir a correr y a que me dé el aire. Además, las cosas en mi empresa van genial. Me han asignado un compañero como mentor para que resuelva todas mis dudas, aunque ahora que lo pienso, creo que me lo he asignado yo solita, y él se ha dejado, el pobrecillo. Y es que cada día me dan más tareas y siempre lo estoy friendo a preguntas. Pero ea, es lo que hay. Me hacen trabajar en uno de nuestros proyectos, que está construido con Angular, y yo de Angular aun no entiendo ni papa.

Pero mis compañeros son geniales conmigo y siempre hay alguien que me manda algún link sobre algún curso o canal de YouTube sobre desarrollo web que me recomiendan seguir.

De hecho, el otro día vi este vídeo que confirma básicamente que no debería lanzarme con Angular si antes no sé bien las características más avanzadas de JavaScript, como las promises, las clases, los prototypes… y yo de eso sólo sé el nombre.

Al principio me daba vergüenza reconocerlo, pero realmente mis compañeros saben a qué nivel estoy, así que ya no me da tanto apuro reconocer que aún tengo mucho que aprender antes de poder entender bien el funcionamiento de Angular. Pero bueno, con la ayuda de mis compis voy haciendo cositas y commits a nuestro bitbucket. ¡Hay que ver lo feliz que me sentí cuando hice mi primera pull request!

Durante estas semanas también he tenido varias reuniones con mi jefe (el arquitecto de software de mi equipo). Es un chico de unos 5 años más que yo, amable, sonriente y tranquilo. Tiene 3 niños que me los comería a besos de lo bonicos que son, parecen una postal de Benetton. A lo que iba, que ya he tenido varias reuniones con él. Se ha interesado sobre mi progreso con el proyecto que me han dado y me ha preguntado si ya tengo claro qué camino quiero tomar, ahora que estoy empezando.

Al parecer,cuando una persona empieza en el mundo del desarrollo web, tiene principalmente la posibilidad de tirarse hacia una vía o hacia otra. Yo esto lo intuía, pero hasta que no lo vi apuntado en la libreta de mi jefe, no tenía la certeza:

Y cuando me escribió los dos posibles caminos, lo tuve claro: UX/UI design y tecnologías de frontend. El client side frente al server side. Es lo mío y la verdad es que no sé por qué lo tengo tan claro. Pero así es. Por primera vez en mi vida, me siento identificada con lo que hago. Lo que hago, lo construyo desde mi creatividad y mi manera de hacer las cosas, siempre organizada y meticulosa, pero con un toque llamativo.

Antes les tenía terror a las reuniones con mis jefes (en mis anteriores trabajos). Sabía que era una ocasión para recibir preguntas tipo: “¿te gusta lo que haces? ¿Estás a gusto con tus tareas? ¿Qué crees que podrías mejorar de cara al próximo año? ¿En qué crees que tu manager puede mejorar y cómo lo harías tú si fueras ella?” .

Aquellas situaciones se fueron haciendo menor terroríficas con el tiempo y pasaron sólo a ser tremendamente incómodas, porque lo único a lo que me dedicaba era a sonreír, asentir y a mentir como una bellaca.

¡Qué diferentes son las cosas ahora! Ya no tengo que fingir cuando mi jefe me pregunta si me gusta mi trabajo, y, si creo que hay algo donde podemos o puedo mejorar, se lo digo. Porque esta soy yo, por fin.

Avanzamos con el estudio

Intento combinar mi trabajo con el estudio lo mejor que puedo y creo que por ahora le estoy sacando bastante partido. Calculo que durante los próximos días terminaré el curso de Colt, pero lo más importante es que llegaré a su última sección donde empezaremos a ver las partes más complejas de JavaScript, como son:

  • La keyword this
  • Object Oriented Programming (programación orientada a objetos)
  • Closures

Y ya con esos conocimientos, retomaré (o empezaré de nuevo) el curso de
JavaScript de Jonas, que enseña conceptos más de actualidad que el curso de Colt, y donde podré profundizar en JavaScript. Y, si me siento preparada, después del curso de Jonas por fin podré retomar los cursos de Angular.

El curso de Colt me está encantando porque es un profesor paciente y se nota que domina a la perfección el tema. Me parece un chavalín y sin embargo, parece que lleve dando clases 20 años. Se nota que tiene un talento natural para enseñar y eso transmite mucha confianza y evoca en mí unas inmensas ganas de aprender más y más.

Lo malo es que su curso lo hizo en 2015, y aunque sirve para coger unos sólidos cimientos de JavaScript, al empezar con la parte del backend se hace un poco farragoso porque hay muchos vídeos que ya se han quedado obsoletos y lo que ha hecho Colt es meter con cuña un montón de notas y comentarios para adaptarlos a estos tiempos.

Aunque agradezco el esfuerzo, más le valdría re-grabar algunas lecciones y dejarse de notitas. Aun así, a día de hoy, es el mejor curso de JavaScript que he hecho hasta ahora, y ya llevo unos cuantos.

Aprovechando los viajes en el bus

Por otro lado, como ahora me paso un pelín de tiempo más en el bus que antes, porque cada mañana tengo que coger una combinación un poco mierdera, no me puedo permitir estar mirando la pantallita del móvil, porque tengo que estar atenta a las paradas. Y eso ha hecho que me aficione a escuchar podcasts en spotify, ya que me aportan mucho más valor que escuchar música.

Y, dios mío, ¿¡cómo no los he descubierto antes!? Me he suscrito a tropecientos podcasts, pero por ahora los que más me han gustado son un episodio de Scrum, de “Programar es una mierda” (sin comentarios sobre el título), y Bootcamps, de CodeNewbie. 

El de Scrum me pareció genial porque es la metodología de trabajo que utilizamos en mi empresa, así que me vino de perlas la master class.

Y nada, sigo aprendiendo, trabajando, estudiando y divirtiéndome. Y este viernes tenemos otra cena en casa con amigos, a la que por cierto, viene un compañero de mi anterior empresa que no sabía que me había ido, y, al contarle mis razones y lo que hago ahora, me ha pedido que le explique cómo lo he hecho, porque él quiere hacer lo mismo.

Es la primera vez que alguien me dice eso, así que me siento un poco rara. Pero en el buen sentido, porque me da la sensación de que algo que yo he hecho ha despertado la curiosidad en otra persona para hacer algo parecido. Y es una sensación…interesante.

Y con esto un bizcocho… ¡adiós, 2018!

«La alegría, cuanto más se gasta, más queda»

— Ralph Waldo Emerson

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