Días del 89 al 104

“Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez” – Gabriel García Márquez

Un respiro y una sorpresa

Después de pasar unos días con mi familia y amigas en mi España querida…volvemos a mi realidad actual.

De estos días en casa me quedo con la agradable sorpresa de haber recibido el total apoyo de todos mis amigos respecto a mis planes de cambiar de sector y dedicarme a algo que me entusiasme y que me de la libertad geográfica para conseguir un trabajo en casi cualquier ciudad del mundo, y no estar atada a un país gris con pésimas conexiones con mi casa.

Vivamos en paz, por Dios

También he podido comprobar en persona que a mis padres todavía les cuesta entender mi decisión y no lo ven nada claro.  Pero hace no mucho tiempo aprendí que con mis padres no merece la pena discutir. Paso muy poquitos momentos junto a ellos y cada vez que me marcho de casa para volver aquí me sale una pequeña grieta en el corazón. Es como revivir aquella primera vez que salí de España para irme a trabajar a Alemania.

Así que si no entienden mi plan, no voy a perder el tiempo intentando explicárselo ni discutiendo con ellos. Prefiero aprovecharlo para hablar de mil temas no controvertidos que una hija puede hablar con sus padres.

He conocido a demasiada gente que tiene una relación mala con sus padres o, peor todavía, que perdieron a sus padres demasiado pronto. Y la vida me ha enseñado que de nada sirve posicionarse detrás de una barrera de orgullo y no dar un paso adelante por la concordia.

Yo me quiero llevar bien con mis padres, y aunque me duela que no vean que esta es probablemente la decisión más importante de mi vida y que necesito su apoyo, prefiero quitarle hierro al asunto y decirme que tarde o temprano lo entenderán.

Si me tengo que pelear con alguien, que sea con JavaScript

Mientras tanto, si me tengo que pelear con alguien, que sea con JavaScript, como es el caso.

Han sido unas semanas bastante densas de estudio pero he logrado terminar una dichosa lista de la compra  y también el siguiente proyecto del curso de Andrei, un generador de colores degradados con el que estoy muy contenta.

Debo decir que me ha costado la vida hacer estos proyectos, y sinceramente, aún siento que hay aspectos del código que sería incapaz de volver a hacer si me dieran una página en blanco para escribirlos de nuevo.

Pero como me estoy empezando a hartar de mis episodios de desesperación, cada vez me los tomo con más filosofía y me digo a mí misma que si no lo entiendo ahora, ya lo entenderé más adelante.

Total, el curso de Andrei no es el único recurso que estoy utilizando para aprender JavaScript, ni mucho menos. Y a medida que avanzo en otros cursos/tutoriales, etc, siempre llego a alguna parte que ya he visto en otro curso, y, o bien la entiendo mejor, o bien la entiendo por fin, o bien me sirve para repasar, o bien me doy cuenta de que la tengo dominada. Así que en cualquier caso, el resultado de consultar y aprender de varios recursos a la vez siempre es positivo.

Por ir zanjando temas, ya terminé el curso de un programador (JavaScript esencial) y me ha sido muy útil.

Así que gracias Juan, porque me has ayudado mucho.

«Yo para ser feliz quiero una tienda de quesos»

Al margen de mi estudio, estos días también le he sonsacado a un compañero de trabajo del que estaba convencida que le encantaba nuestro tipo de trabajo, que él en realidad lo que quiere es montar su propia tienda de quesos 🙂

Me ha enternecido y como siempre, este tipo de comentarios me ayudan a sentirme menos loca.

Preparándome para el siguiente paso: cambiar de trabajo

Mientras sigo peleándome con JavaScript, también estoy empezando a tantear el mercado laboral.

Creo que en julio estaré lista para buscar trabajo. No me refiero con esto a que en julio ya sepa JavaScript, (mis ganas locas…), sino que simplemente estoy preparada para empezar a enviar curriculums y ser rechazada, para conseguir entrevistas y ser rechazada, y finalmente, estoy preparada para dar en el clavo en una empresa y ser aceptada.

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