Días del 8 al 10

Lentos progresos y varios descubrimientos

Estos días están siendo relativamente productivos. Me gustaría ir a un ritmo más rápido pero con el trabajo que tengo, es imposible. Aun así, no me quejo, porque por ahora todos los ejercicios que el libro me va proponiendo los voy resolviendo con cierta soltura, y eso me produce suficiente satisfacción. Por fin en el libro llegué al capítulo de los loops que me traían por la calle de amargura y en principio voy resolviendo bien los ejercicios. Cuando los termine, voy a retomar mi curso online donde lo dejé, pues al no saber resolver los ejercicios del curso me vi obligada a buscar otros recursos y así llego JavaScript for kids a mi vida. 

Otro descubrimiento hecho gracias al libro es que, aunque un programa de edición de código es útil, es también posible escribir código javascript simplemente con la consola de google chrome, cuya ventaja es evidente: el poder usarlo en cualquier ordenador sin necesidad de instalar ningún programa. Aun así, no ha sido hasta ahora que me he dado cuenta de que los mensajes de error de la consola no son para nada inútiles y muchas veces contienen la información que me hace falta para arreglar mi código y hacerlo funcionar. Pobre consola de chrome, ella siempre intentando ayudarme y yo constantemente ignorándola. Nunca mais! 

Confesiones a medias para padres con tendencia a preocuparse

Estos días también le he dicho a mis padres que he vuelto a escribir. Sin embargo, he sido incapaz de hablarles sobre este blog donde escribo. Simplemente les he dicho que he recuperado mi querido hábito de la escritura y que estoy convencida de que algo positivo saldrá de lo que escribo. Pero la verdad es que no me siento muy optimista sobre lo que pensarían mis padres sobre mi intención de cambiar de vida. Porque para mí, el cambiar de trabajo supone algo mucho más que eso. Los he ido tanteando en múltiples ocasiones y comparten mi visión de que debo dedicarme a algo que verdaderamente me guste, porque saben (y espero que todo el mundo lo sepa en el fondo de sus corazones) que es la única manera de ser feliz.

La rueda de la felicidad

A fin de cuentas, muchos son los factores que hacen a una persona feliz o infeliz. Como un buen amigo me dijo una vez, la felicidad es como una rueda hecha de madera, compuesta por palos. Cada palo es un aspecto esencial de tu vida, y juntos hacen que la rueda gire, es decir, que una persona se sienta completa y por consiguiente, feliz. Uno de esos palos sería el trabajo. Si el palo del trabajo está roto, tu rueda no puede rodar. Tan sencillo como eso. 

De vez en cuando vale la pena hacer una evaluación personal para comprobar si hay algún palo astillado en tu vida, ya que si quieres que la rueda gire, no te queda mas remedio que arreglarlo. Tu rueda es tu vida, tuya y de nadie más, y si no arreglas tus propios engranajes, nadie lo hará por ti. Y el tiempo pasa demasiado rápido…

Como yo todavía estoy en fase de reparaciones iniciales de mi palo del trabajo, no siento que sea el momento de compartir con mis padres mis sinceras intenciones. Sí, saben que estoy estudiando programación, pero en el fondo no entienden muy bien para qué lo estoy haciendo, y por supuesto se escandalizarían se les dijera que lo que quiero en realidad es tener un trabajo que me permita, a la larga, tener libertad geográfica para trabajar desde donde quiera. 

Prefiero darles la noticia cuando mis estudios empiecen a dar sus frutos y ya vea la luz al final del túnel de mi trabajo, aunque sólo sea una tímida luz que empiece a alumbrar los últimos días que pasaré en este trabajo aburrido hasta la saciedad, a la par que estresante. De hecho, ayer tanteé a mi madre y le conté que me han propuesto subirme de nivel y darme más responsabilidad. Así es. Y mi madre, sabiendo que lo más quiero es dejar el trabajo, no ha podido evitar animarme para que lo acepte porque «que te asciendan siempre es algo positivo». Y así es en general, y además ella sólo quiere lo mejor para mí.

Cuando mi jefa me lo estaba proponiendo, deseé con todas mis fuerzas convertirme en avestruz para poder esconder mi cabeza bajo el suelo. Y que es odiar un trabajo no significa que tengas que hacerlo mal, ni tampoco que se te de mal. De hecho, a mí mi trabajo se me da genial. También creo que cualquiera podría hacerlo con un poco de organización, pero ese es el único requisito necesario, la organización. En un mundo ideal, si le dieran la oportunidad a cualquier persona organizada pero sin título universitario, estoy segura de que haría bien el trabajo. 

Como en cierto modo me siento responsable de mi trabajo, he aceptado la oferta porque no hacerlo habría sido completamente incoherente con la imagen que doy en el trabajo. La oferta no es para ahora, sino para diciembre, y con todas mis fuerzas deseo que nunca llegue ese momento. Y, como en esta vida no basta con desear las cosas, me comprometo a hacer todo lo que esté en mi mano para que ese momento no llegue. Es más, ya he empezado a visualizar lo que estaré haciendo en diciembre si todo va bien, porque visualizar me ayuda a enfocar mis objetivos. 

La verdad que mi relación laboral con mi jefa es realmente buena. Estoy convencida de que, con la poca paciencia que yo tengo para hacer cosas que odio, sin ella ya me hubiese despedido en plan a lo loco, sin un plan B. Pero gracias a su forma de trabajar y de tratar a la gente, por lo menos consigue que no todos los días sienta impulsos de hacer un Homer Simpson y ponerme a gritar y correr en círculos con las manos en alto.  Además, durante el tiempo que llevo en mi empresa, me da la impresión de que nos hemos hecho amigas. Y eso hace que me sienta ligeramente culpable por el plan que tengo intención de implementar. No puedo evitarlo, me sabe mal todo el esfuerzo que está empleando en formarme si al final me voy a ir. Mi novio me anima con todo esto diciéndome que nadie se queda en una empresa para siempre, al menos en esta época que nos ha tocado vivir. Pero qué le voy a hacer, soy una sentimental. Al final tengo que mirar por mi felicidad, aunque con ello provoque daños colaterales que preferiría evitar. Pero en fin, no se puede ir por la vida pretendiendo contentar a todo el mundo. 

«No puedes supeditar tu vida a los demás. Debes hacer lo que consideres mejor para tí, aunque con ello lastimes a tus seres queridos» – El cuaderno de Noah

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