Días del 15 al 24

«No tengas miedo a la perfección, nunca la alcanzarás» – Salvador Dalí

Dos decisiones para rendir mejor

Primera: disminuir la frecuencia de posts

Después de analizarlo bien, me he dado cuenta de que no puedo llevar el ritmo de escribir dos posts por semana. Así que he decidido reducir el número a, como mínimo, un post por semana, y no dos, como he venido haciendo hasta ahora. Al contrario de lo que piensa cierta gente, escribir 1000 palabras con coherencia no es ni fácil ni rápido. Actualmente estoy dedicando a escribir y a formarme sobre blogging el 40% de mi tiempo libre y a estudiar el 60%. Y tengo que poner más peso del lado del estudio. Aunque eso suponga disminuir la velocidad de aprendizaje en los temas de blogging.

 

Segunda: pedir en el trabajo la jornada parcial

Esa es la primera de mis dos decisiones importantes de esta semana relacionadas con mi rendimiento. La segunda es que voy a pedir en el trabajo la jornada a tiempo parcial.

Desde que empecé a estudiar en Noviembre del año pasado, me he comprometido por completo con mi proyecto. Y eso ha supuesto que deje al margen casi totalmente mi vida social. Pero también ha supuesto que cada día en el trabajo me devore la impaciencia, haciéndome desear cada minuto que lleguen las 5 para poder irme a casa y retomar el estudio. Cuando esto no ocurre porque me hacen hacer horas extras, se me despierta un ligero instinto asesino que me hace odiar un poquito más mi trabajo, volviendo a casa completamente k.o. y con ninguna energía para estudiar ese día.

Y no puedo seguir así. No quiero llegar a un punto de desesperación tan elevado que lo mande todo al garete y me despida así a lo loco. Que me perdonen los padres y madres, pero las jornadas reducidas no son sólo para ellos, oiga.

Así que, después de consultar la documentación específica de mi empresa para solicitar la jornada a tiempo parcial, y comprobar que cualquiera puede solicitarla en base a compromisos o intereses personales, me voy a lanzar a ello.

 

La conversación con mi jefa

A mi jefa se lo voy a plantear de la siguiente manera:

Disculpa Mari Carmen (por ponerle un nombre), me gustaría hablarte de una cosa importante… Como sabrás, me encantan los ordenadores y la tecnología y siempre te estoy hablando de trucos varios para facilitarnos el trabajo y que podamos trabajar de manera más rápida y eficiente (siempre les estoy dando mini consejos tecnológicos sobre cómo rentabilizar Word, Excel, el correo electrónico…). 

De hecho, ingeniería informática es mi carrera frustrada, y de eso me di cuenta después de empezar a estudiar Derecho. El caso es que, desde que tengo cierta estabilidad laboral, por fin he sacado el tiempo para ponerme a estudiar informática (en realidad es programación web front-end, pero no creo que ella necesite saber los detalles).

Estoy encantada con lo que estoy estudiando…pero también estoy agotada. Y no quiero estar cansada en mi trabajo, pero tampoco quiero ni dejar de estudiar, ni dejar mi trabajo. Así que me gustaría plantearte trabajar al 80% y trabajar así 4 días a la semana en lugar de 5.

Por supuesto te ofrecería máxima flexibilidad en cuanto al día de mi descanso, pudiendo cambiarlo si fuera necesario. Total, voy a estar en casa estudiando, no es que me vaya a colaborar con una ONG al otro lado de la ciudad ese día.

Llegados a este punto me planteo tres posibles escenarios.

  1. Que se lo tome bien, sea comprensiva y empática y me conceda la jornada al 80% trabajando 4 días a la semana.
  2. Que no lo entienda, dado que ella trabaja a todas horas, en la oficina, desde casa, en vacaciones…y quizás piense que así debería ser para los demás también. Y por tanto, que no me lo conceda. Al fin y al cabo, no le parece normal que haya empleados que elijan entrar a trabajar a las 7am y salir a las 4pm, porque considera que así no se cubren las horas en las que los clientes están más activos.
  3. Que lo entienda, pero que diga que, “por motivos organizativos”, prefiere que vaya todos los días pero que me vaya un poco antes cada día. Lo cual no es una opción para mí, porque seguiría perdiendo el mismo tiempo a la semana en desplazamientos y sería muy difícil irme cada día sobre las 3pm porque siempre suele ser una hora de pico de trabajo. Sería incómodo para mí irme a esa hora y dejarme las cosas que me acaban de pedir que haga, y acabaría sintiéndome forzada a hacerlas, porque la gente no espera que te vayas a las 3pm. Sin embargo, faltar un día a la semana por motivos de jornada parcial sí está totalmente aceptado.

Mi jefa es una bellísima persona y no creo que se oponga, pero sólo saldré de dudas cuando se lo pregunte. Veremos cómo acaba esta historia.

 

Errores causados por la desesperación 

Vaya quebraderos de cabeza me dan estos asuntos. A veces pienso que habría sido mucho más sencillo no buscar trabajo mientras estaba en paro y haberme centrado en estudiar. El gobierno del país donde vivo me daba una ayuda que cubría mis gastos básicos de comida y habitación, con lo cual, no tenía que preocuparme por el dinero en ese sentido.

Pero no, no supe ver con claridad. Yo sólo me veía desde fuera y pensaba: ¿Cuándo conseguiré trabajo? ¿Me responderán de las mil ofertas a las que he enviado mi currículum sin saber exactamente en qué consiste los trabajos a los que he aplicado?

Estaba desesperada, y en la desesperación una toma decisiones poco meditadas que acaban pasando factura.

Recientemente, una amiga que dejó su trabajo porque no pudo soportarlo más, me contó que había visto una oferta de trabajo a la que no sabía si aplicar porque le parecía aburridísima.

De ahí salió un sencillo esquema que empieza por una pregunta que uno debería hacerse siempre en estos casos:

gráfico para tomar decisión si aplicar a un trabajo

 

Progresos en el estudio

Al margen de estas reflexiones, también he tenido tiempo para seguir estudiando 🙂

De hecho, ya terminé los ejercicios de Free Code Camp sobre HTML, CSS, Bootstrap y jQuery, y el primer proyecto de crear una página más básica que el mecanismo de un botijo. Ahora estoy con el segundo y último proyecto antes de pasar a la sección de JavaScript.

Cada vez me sorprendo menos cuando me doy cuenta de lo mucho que me cuesta interiorizar los conceptos aprendidos. Voy poco a poco superando la fase de “¡pero si esto lo sabía hacer! ¿¡Por qué demonios ya no me acuerdo cómo se hace?!”

Ahora simplemente vuelvo atrás, y, mientras contemplo como todavía sigue nevando ya entrada la primavera, me armo de paciencia y vuelvo a buscar cómo se hace el esqueleto de un menú de navegación.

Y es que a pesar de que siga nevando, he inaugurado mi temporada de running y deporte al aire libre. Me entró el gusanillo cuando pasé cerca del parque donde suelo salir a correr. Pasé por allí con una compañera de trabajo mientras íbamos a una reunión en la ciudad. Ya se había pasado la hora de comer, y aun así el centro estaba a rebosar de gente ociosa. Mi compañera exclamó, entre risas pero con un resquemor inconfundible:

  • ¿Qué hace toda esta gente en la calle? ¿Es que no trabajan? Y si así es… ¿qué estoy haciendo yo mal?

No quise darle coba, pero pensé:

  • No es lo que estés haciendo mal…Es lo que no estás haciendo. Es ese plan B que no estás elaborando.

 

 

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